Qué quiere el presidente de Estados Unidos y cuáles son los posibles escenarios.
Los dirigentes europeos empiezan a despertar a lo que parece ser una nueva era geopolítica, una en la que no sólo tendrán que garantizar la seguridad del continente sin el paraguas militar estadounidense, sino que puede que tengan que sumar a Estados Unidos entre sus enemigos. Los planes de Donald Trump de avanzar sobre Groenlandia tienen a Europa en alerta y los líderes ya diseñan estrategias para hacerle frente.
Europa no puede hacer una guerra a Estados Unidos porque no tiene medios para ello si el conflicto escala. Pero puede desplegar otras herramientas, sobre todo económicas y comerciales, si los 27 países de la Unión Europea tienen voluntad política de usarlas.
La Administración estadounidense asegura que quiere comprar la isla ártica, entre otras opciones, en las que añade el uso de la fuerza militar para conquistarla. Dinamarca repite que la isla no está en venta.
Militares daneses realizan ejercicios en Kangerlussuaq, Groenlandia, en septiembre pasado.
La Comisión Europea no quiso confirmar ningún tipo de estrategia, pero el canciller francés Jean-Nöel Barrot adelantó el miércoles en una entrevista radiofónica que los planes sí existen y que los estaba ultimando con sus colegas británico y polaco con conocimiento de otros países europeos.
La dirigencia europea no quiere un conflicto, mucho menos uno armado, por lo que plantea una serie de escenarios. Barrot dijo el miércoles que “Groenlandia no está ni para ser tomada ni para ser vendida. Seguirá siendo un territorio europeo”.
La primera idea es jugar a que el argumento de Washington -que quiere tomar el control de Groenlandia para protegerse ante una posible amenaza a su seguridad nacional por el Ártico- sea la razón verdadera. Aunque a nadie se le escapa que no es eso, porque Estados Unidos ya tiene una gran base militar en la isla y puede establecer más. Washington llegó a tener 17 instalaciones militares en la Guerra Fría y las fue desmantelando hasta dejar una sola.
El «arma nuclear» comercial
En ese escenario los europeos ofrecerían a Estados Unidos desplazar tropas y activos militares a la isla ártica de Dinamarca para reforzar la presencia militar de la OTAN. A esa iniciativa se sumaría la Comisión Europea con más fondos para la población de la isla, hasta doblar en los próximos años lo que recibe ya de parte de la Unión Europea.
Si Estados Unidos descarta esa idea, que es lo más probable según fuentes diplomáticas consultadas en Bruselas porque el presidente Donald Trump también ha insinuado el control de los recursos minerales y de hidrocarburos de la isla, se pasaría a escenarios de choque.
Esos escenarios pasan principalmente por medidas de retorsión comercial y el uso de una herramienta que se creó pensando sobre todo en un conflicto comercial grave con China. Es lo que en Bruselas se llama“el arma nuclear comercial”, un mecanismo diseñado para responder a países que usen medidas de coerción para intentar forzar a naciones europeas a actuar en contra de sus intereses. Incluye una batería de sanciones comerciales que pueden escalar hasta la suspensión total del comercio.
Europa respalda a Dinamarca.
Las capitales europeas mueven borradores con ideas más contundentes que llevan hasta la expulsión de las empresas estadounidenses del mercado europeo, el mayor del planeta por capacidad de consumo con más de 450 millones de habitantes entre los más ricos del mundo. Sumando al Reino Unido y a países asociados comercialmente como Noruega, supera los 525 millones de personas.
La última opción, si Washington no entiende razones diplomáticas ni económicas y decide tomar la isla por la fuerza, sería llegar antes. Enviar a Groenlandia un destacamento de varios miles de soldados europeos, con buques y refuerzos aéreos, para “encarecer” (en palabras de otro diplomático) cualquier intento estadounidense de tomar la isla.
Esa sería la solución a corto plazo. A medio plazo habría que establecer bases europeas con rotaciones entre los grandes países del bloque con más capacidad militar para mantener una presencia permanente. Y a medio plazo habría que trabajar también en influencia entre los congresistas estadounidenses, algo que Europa apenas ha hecho porque siempre pensó que se trataba de un país amigo.
En Bruselas muchos funcionarios creen que llegados a ese punto, en Washington la presión del Congreso, y hasta de altos mandos militares contra un conflicto que llevara al enfrentamiento militar entre tropas estadounidenses y europeas, haría que Trump tuviera que dar marcha atrás.
Que, ante un escenario de choques diplomáticos, económicos y, finalmente, militares, Trump empiece a escuchar cada vez más mensajes que le digan que tiene más que perder que ganar con una ocupación ilegal de un territorio soberano europeo.
El riesgo está, cuenta un diplomático, “en qué pasaría si Estados Unidos sigue adelante y ataca a esas tropas. Entraríamos en guerra”. La fuente recuerda que el artículo 1 del Tratado de la OTAN obliga a sus Estados miembros a resolver sus eventuales disputas por medios pacíficos.